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jueves, 23 de abril de 2009

Palabras de Lucas. Sobre “La amistad entre Leticia y yo” (Parte 2)

VER PARTE 1

Vi como se iba, cabizbaja y haciendo un gran esfuerzo para no darse vuelta hacia donde yo me había quedado. Creo que sospechaba el desconcierto que acababa de provocarme, a pesar de mis intentos para que ella no lo notara. Me hice el duro con el objetivo de que se fuera un poco más tranquila, pero me parece que no dio mucho resultado.No soy muy buen actor y cuando algo me pone triste, enseguida se me nota y mucho. Ésto me había dejado impactado, no me lo esperaba para nada, pero lo que menos me esperaba era este dolor punzante que se hacía cada vez más grande.
Me fui corriendo a la casa de Rodrigo. Tenía la necesidad de contarle a alguien que Leticia se iba lejos. En el camino sentí que la cabeza me iba a explotar, caminaba lo más rápido que podía, no veía las horas de llegar y nunca sentí tan largo el trayecto como ese día. Me acordaba de Leticia llorando, diciéndome que me iba a extrañar como si no nos fuéramos a ver nunca más, mirándome con los ojos llenos de miedo… Que groso lo que puede hacer la amistad: tan seguro te sentís cuando te acompaña y tan débil cuando sabes que se va. Por otro lado trataba de calmarme pensando que no íbamos a perder el contacto, que ahora hay mail, celulares, mensajes de texto… pero no pasaba nada, che, y cada vez me sentía peor, porque sabía que iba extrañar mucho verla. Iba a extrañar nuestras juntadas de charlas a la noche, las idas al cine, a los boliches, todo iba a extrañar… Que groso, che… que amistad.
Llegué a la casa de Rodrigo y se ve que me notó tan mal, que enseguida me llevó al fondo del patio para que pudiéramos hablar tranquilos.

-Lucas, qué te pasó, viejo. Parece que te hubiera pasado un camión por encima.
-Uh, no sabes, estoy hecho mierda.

Y me largué a llorar como un nene, como cuando me robaron la bicicleta en segundo grado. No podía decir una palabra, quería empezar a hablar pero no me salía nada. Cuando lograba calmarme un poco, se me venía todo a la cabeza y de nuevo me saltaban las lágrimas, estaba descontrolado.

-Pará, boludo, me estás asustando… decime que te pasó, por Dios. ¿Se murió alguien? ¿Algo con tus viejos, alguna enfermedad grave?

Yo solamente movía la cabeza para responder las preguntas, era lo único que me salía para dejar un poco más tranquilo a Rodrigo.

-Hablá, Lucas, por Dios… ¿Qué mierda te puso así?
-Aguantá, aguantá, ya me va a salir (entre llantos y como pude)
-No te entiendo un sorete, pará de llorar, por favor.

Finalmente apelé a no sé qué y pude tranquilizarme un poco… creo que me cansé de llorar.

-Es Leticia…
-¿Qué pasa con Leti? ¿Le pasó algo grave?
-No, no… Se va a vivir a Bariloche.
-Puta madre, Lucas, me hiciste re cagar en las patas, boludo.
-¿Qué? ¿Te parece poco?
-No, poco no. Me parece raro que te pongas así, que te desesperes tanto. ¿Qué onda?
-¿Qué onda con qué?
-¿Y, qué onda con Leti? Yo sé que son re amigos, ¿pero es para ponerse así? ¿No será mucho? Si total no se van a dejar de hablar.
-…
-Mmmmm… Me parece que la mano va por otro lado y yo ya te lo había dicho… hace mucho tiempo que te lo dije.
-¿Qué?
-¿Qué? Hacete el boludo ahora. Vos no estás así porque se te va una amiga...
-Que no! No empieces de nuevo, no seas novela.
-Ah, ahora yo soy el novela… Vos sos el que se comió a Andrea del Boca y está llorando como un pelotudo desde hace una hora, eh? Que me decís novela.
-Bueno, qué querés? Es mi amiga… y se vá.
-Que amiga ni que amiga, no me chamuyes a mí. Se va el amor de tu vida… boludo, boludo… ¿Cuántas veces te lo dije? Ay, que boludo que sos, por Dios.
-Pará con eso.
-Que pará con eso?? No paro nada, porque soy tu amigo y te lo tengo que decir: hacete cargo, viejo, hacete cargo de una vez.
-…
-…deciselo, decile que estás hasta las bolas con ella… además ella está igual que vos y a eso también te lo dije ya.
-…
-¿Me vas a decir que no te diste cuenta?
-…
-Y si no te dite cuenta… ¿Te vas a quedar con la duda?
-Puta madre, puta madre… ¿Y ahora que hago?
-Anda y decile, boludo… ¿Cuándo se va?
-En quince días…
-Bueno, andá y decile ahora… ¿O vas a esperar a que se esté subiendo al auto, se lo vas a gritar y después te vas a cortar las venas? Deciselo ya y viví a pleno estos quince días con ella...
-…
-¿Qué me mirás así? Andá!! Chau!! Volá de acá!!

Me fui corriendo a buscarla, no me alcanzaban las piernas para ir más rápido, Carl Lewis, un poroto al lado mío. Que groso Rodrigo, finalmente tenía razón.
En el camino le escribí un mensaje a Leti: “Tengo que hablar con vos urgente”, y ella me respondió enseguida: “Yo también”.

domingo, 29 de marzo de 2009

Palabras de Lucas. Sobre “La amistad entre Leticia y yo” (Parte 1)


Nunca tuve la necesidad de hablar de Leticia… hasta hoy.
A Leti la conozco desde que se mudó al lado de mi casa y de eso ya hace 7 años, o sea que la primera vez que hablamos teníamos tan solo 10 años cada uno. Apenas la vi me quedé impactado: era hermosa, simpática y le gustaba jugar al fútbol con nosotros (los chicos del barrio). Estuve enamorado de ella hasta que empezamos la secundaria, pero nunca le dije nada. Después fue pasando el tiempo, y no sé por qué, me cayó mejor la idea de ser amigos. De a poco, ese enamoramiento se convirtió en una amistad de esas que no abundan y hasta el día de hoy, somos culo y camisa. Nos contamos todo, tenemos los mismos gustos musicales, vamos al cine, charlamos hasta altas horas de la madrugada, somos re compañeros y nos divertimos mucho juntos. Desde que dejó de gustarme, yo la vi más como un amigo que como una amiga, porque ella me entiende todo, puedo hablar de cualquier cosa, hasta le he contado situaciones con otras minas y siempre ha sabido encontrar las palabras justas y los silencios más oportunos; hasta diría que entre nosotros no hay secretos. A ella le pasa lo mismo conmigo. No tiene vergüenza de decirme nada: yo sé cuándo le viene, que toallitas usa o si tiene dolor de ovarios, qué chico le gusta, a qué amiga no soporta y todas esas cosas que se dicen entre chicas. Está buenísimo, porque es como una hermana, pero piola. La cuestión es que desde entonces, hemos sido inseparables, a tal punto que más de una vez, la gente nos ha preguntado si éramos novios. “Si fuéramos novios no nos llevaríamos tan bien”, respondemos cagándonos de risa, orgullosos de nuestra amistad.
Hoy a la tarde, me fue a buscar a mi casa y yo no estaba. Cuando llegué, mi mamá me dijo que había venido y le había dicho que tenía que verme si o si para contarme algo importante, así que me fui a su casa a ver que quería. Llegué y la encontré triste.

-Eh, que caripela… ¿Qué te pasa, nena?
-Ay, Lucas, no sabes… Tengo algo que contarte – me dijo casi llorando.
-Eh, para tanto es?
-Si, para tanto, ya vas a ver.
-Bueno, dejá de dar vueltas y contáme.
-Me voy… me tengo que mudar.
-Uh, nena… me hiciste cagar en las patas… Bueno, no es nada de otro mundo… No será la primera ni la última vez.
-No, es que no entendés… No nos vamos a ver más.
-Uh, pero que exagerada que sos. Dejáte de joder… no nos veremos así, de toque, pero si nos vamos a ver, Leti… esta ciudad tampoco es tan grande.
-Es que me voy de la ciudad, Lucas…
-…
-Me voy a vivir a Bariloche.
-Ah…
-¿Viste? Viste que no era una boludés…
-…
-Mi papá consiguió un trabajo groso allá y por eso nos tenemos que ir…
-¿Cuándo te vas?
-El mes que viene.
-El mes que viene??? Pero faltan 2 semanas para el mes que viene…
-Ya sé…

Se largó a llorar como una nena y la abracé.

-Te voy a extrañar mucho… - me dijo y siguió llorando.
-Yo también… - le dije, mientras se me llenaba el culo de preguntas.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Palabras de Lucas. Sobre “Los que la ligamos de arriba de vez en cuando”.

¿Qué debemos hacer cuando nos acusan de algo que no hicimos y encima, el culpable está del lado de los acusadores mirándonos y suplicando silencio con los ojos? Anoche me pasó algo muy loco, procedo a contarlo: eran las doce y media, yo estaba acostado mirando tele, a punto de caer en un sueño profundo, cuando de repente y muy sigilosamente, entró mi papá al dormitorio y me dijo:

- Lucas… me tenés que hacer un favor, pero tu mamá no se tiene que enterar…

Las palabras que dijo y el tono que usó, más que a “favor” sonaron a amenaza, y en una fracción de segundos me vi obligado a acceder al pedido sin conocer aún, de que se trataba todo el asunto. Medio que no me dejó opción, o al menos yo sentí eso con la frase clave “me TENÉS que hacer un favor”. La situación continuó con la descripción del pedido:

- ¿Viste que el sábado que viene se casa Raulito? El pibe nuevo de mi trabajo…
- Aha…
- Con tu mamá estamos invitados…
- Aha…
- Bueno, hay que hacerle una despedida de soltero…
- Aha…
- Y me encargaron a mí la organización de la fiesta…
- Aha…
- Y acá es donde entrarías en acción vos…
- ¿Yo? ¿Por? ¿Querés que me cuente un par de chistes? Ja ja ja…
- No, pavo… necesito que me ayudes a buscar la “frutillita del postre”, el “broche de oro”, la “joyita de la noche”… ¿Entendés?
- No…
- Una mina!!! Necesito que me ayudes a buscar una mina… una de esas que bailan y animan las fiestitas… ¿Entendés ahora? ¿O te lo tengo que escribir?

“Uhhhhhhhhhh”, pensé, “mi vieja me va a matar”. Estaba en una encrucijada casi de vida o muerte, pero por esa cosa de “padre e hijo”, me pareció una forrada decirle que no… y acepté.

- Bue, decime que tengo que hacer.
- ¡Grande, Luquita! Yo sabía que no me ibas a dejar solo en ésta… hijo ‘e trigre me saliste…

Sacó del bolsillo una hoja de diario doblada y la desplegó ante mí. Tenía marcados un par de clasificados que decían (copia textual, fíjense en las mayúsculas, allí es dónde está puesto el énfasis en cada uno):

1- “SOLO PARA FOGOSOS, MOROCHA simpática – Masajista – Ex promotora COM-PLE-TI-TA” (pregunta: ¿Com-ple-ti-ta?)

2- “SOFIA: bikini open, bonita, JOVENCITA y elegante. Mucho placer, para hombres exigentes. Todo sin apuros. Cariñosa y lo más lindo: ESTRECHITA. Llamame y vas a ver” (pregunta: ¿Estrechita por donde?)

3- “AMIGUITAS CALIENTES. Sin apuros, te damos masajitos por el máximo placer hasta la última gota!!! Lindas, HIGIÉNICAS, fiesteras!!” (pregunta: ¿Higiénicas con olor a Espadol?)

4- “YASMÍN: MOROCHA, 100 65 98 (medidas). ESTUDIANTE. Solo para exigentes. ¿Vos te vas a animar a conocer el placer entre el cielo y la tierra?” (dos preguntas: ¿Estudiante, eso importa? ¿No será mucho placer? A no cagarse para cumplir expectativas, eh…)

- ¿Y, Luquita? ¿Cuál te parece mejor a vos?
- Y, que se yo, Alberto… la última me da intriga… Llamá a esa.
- Cómo “llamá” a esa… Vos la vas a llamar…
- ¿Yo? Tas loco vos… Dale, Alberto, dejate de joder.
- Dale, Luquita, es lo último que te pido… dale…

Otra vez, otra encrucijada… y de nuevo acepté. ¿Quién me manda a hacerme cargo de las boludeces de mi viejo? Fuimos silenciosos hasta el comedor con los clasificados en la mano, levanté el teléfono, marqué el número y me atendió “Yasmín”:

- (Voz sensual) ¿Hola?
- Hola, ¿Yasmín?
- Si, papito… ¿Qué puedo hacer por vos?
- ¿Por mí? Nada… es para mi papá…
- Sí, claro para tu papá…
- En serio, es para él…
- Si, si, bueno, no importa… ¿Qué quiere tu “papito”?

De bien que estábamos, lo veo a mi viejo que sale cagando para el patio y acto seguido, me engancha mi vieja, hablando con esta mina y con el diario marcado en la mano. “Soy boleta”, pensé y corté.

- ¡Pendejo de mierda! ¿Qué estás haciendo? ¡Te voy a matar! ¡Era para esto la plata que me pediste hoy, que zapatillas ni ocho cuartos! ¡Alberto! ¡Alberto, vení urgente!

Mi viejo apareció muy campante, haciéndose el boludo y preguntando “¿Qué pasa amor? ¿Por qué tantos gritos?" Mi vieja estaba indignada y mientras me daba con tres dedos en la cabeza y a cada rato, explicaba desaforada ventilando los clasificados de un lado para el otro:

- ¡Mirá lo que está haciendo este pendejo, mirá! ¡Llamando a una loca de esas que salen en los clasificados de sexo! ¡Por Dios! ¡Que horror! ¡Decile algo, Alberto!

Mi viejo no tuvo otra opción (o al menos eso creyó él, porque ni se le cruzó por la cabeza desligarme de la culpa, todo lo contrario, se lavó las manos a lo Poncio Pilato) que la de cagarme a pedo como si fuera la última vez, para dejar contenta a mi mamá y para zafar sin dejar rastros de la situación. Yo me tuve que comer un garrón BIEN de ARRIBA, con el agravante de que me quitaron la plata destinada a las zapatillas y me sentenciaron a dos fines de semana sin salidas. Cómo son las cosas, no? Quince minutos antes, por esa cosa de “padre e hijo” yo le hice la gamba a mi viejo, pero cuando le tocó a él, la misma cosa de “padre e hijo” se le borró de la mente en un abrir y cerrar de ojos.
Moraleja: La cosa de “padre e hijo” no es razón suficiente para exponer el pellejo, porque los padres, a diferencia de los hijos, tienen una memoria muuuuuuuuuuy frágil.

martes, 10 de febrero de 2009

Palabras de Lucas. Sobre “San Valentín… ¿Alguien sabe quien es Valentín?”


No sé si porque se acerca el Día de los Enamorados y todos hablan de eso, y hacen planes con sus novias/os, y andan revolucionados escupiendo mariposas, pero estos días me he puesto melancólico, cachondo. Me he preguntado una y otra vez, qué coño será el amor… supongo que porque nunca lo sentí. He tenido mis “noviazgos” (si así se puede llamar a las relaciones que me duraron apenas unas tres semanas… o cuatro), pero nunca he sentido las mariposas de las que tanto habla la gente por estos días. Yo sé que soy chico y que ya tendré oportunidad, pero a veces me dan unas ganas de enamorarme, de ponerme medio boludo, de tener al lado a una persona que me haga hacer esas cosas de las que reniego constantemente, como por ejemplo: perderme el estreno de la última de Tim Burton con sonido dolby digital 5.1, porque a ella se le ocurrió planear una cena de presentación con sus viejos, o tener que chuparme a Alex “un vago” haciéndose pasar por un cieguito que le canta a una mina “…aunque no te pueda ver… la la la, la la la, la la la”. Que se yo, a mi todavía no me pasaron esas cosas, y me parece que no estoy tan loco por querer que me pasen. Todo el mundo habla del amor, escriben sobre él, le cantan canciones, como si tuviera vida propia y por ahí debe venir la mano, pienso. Debe ser tan importante, tan grande, que todos lo tratan como si fuera una institución o alguna celebridad, hasta nombre tiene: Valentín… ¿Cómo no voy a tener ganas de conocerlo? Yo veo que todo tiene que ver con él: si alguien anda contento por la vida, regalando alegría y haciendo buenas obras, seguro está enamorado; si alguien está triste, de mal humor, desganado, seguro lo perdió; si la abulia forma parte su vida, todo le da lo mismo y es como el agua bendita (no hace ni bien ni mal), seguro todavía no lo ha encontrado; el amor mueve al mundo y no es joda, eh… los que no lo tienen lo buscan, los que lo perdieron lo lloran y los que son afortunados tratan de conservarlo. Debe estar bueno tener a esa “media naranja”, que no se si existirá, yo pienso que en algún lado está ese alguien más parecido y menos diferente a lo que uno espera, esa persona que nos calza justo (o casi) con lo bueno y lo malo que tenga. Obvio que no la vamos a encontrar de una y que cuando la encontremos, posta va a tener algo que no nos guste, pero lo importante es que no nos importe (valga la redundancia), porque es la pieza que nos completa, que nos equilibra. Me imagino que no debe ser todo color de rosa, ni fácil, pero debe estar bueno permanecer con alguien a pesar de los desengaños y desilusiones, seguir eligiendo a una persona por más que la queramos matar en algunas ocasiones. Yo creo en el amor aunque todavía no lo conozco, creo por lo que me han contado, por lo que veo y por como lo deseo. Creo y espero no dejar de creer nunca, para no perder las ganas de buscarlo, encontrarlo y conservarlo. ¡Feliz día para todos los afortunados!

martes, 20 de enero de 2009

Palabras de Lucas. Sobre “El Titanic”.

Hoy a sido un “día Titanic” y encima lupeado… Se me hundió el barco, pero no una, sino 33.459 veces: a la mañana, temprano (muuuuuuuuuuuy temprano), mis viejos me mandaron a pagar impuestos al banco, había una cola de 15.502 personas y para colmo, estaba roto el aire acondicionado (frito en la frente, me chorreaban las gotas, axilas húmedas y delatoras, zapatillas con medias); llegué al final de la fila y pregunté si esta era la cola para pagar impuestos, con la esperanza de que me dijeran: “no, nene, esta es la cola de jubilados… tenés que pagar en aquella caja que está vacía”, pero obviamente, estaba en el lugar correcto… estaba destinado a perder toda la mañana en ese antro. La cuestión es que esperé y esperé, avanzando a paso de tortuga, hasta que por fin me tocó a mí. El cajero, cansado a esa altura, empezó a pasar mis boletas y en la segunda hizo una exclamación verbal muy poco amigable: ¡la p… madre que lo re mil p…! El banco entero se había quedado sin sistema. “Bueno”, pensé yo, “no será para tanto”, hasta que me dijo sin vaselina, después de que yo me había chupado 3 horas 41 minutos y 58 segundos en el recinto, que volviera mañana porque no iban a tener en todo el día. Podes creer?????? Me fui puteando en 4 idiomas, al cajero, al banco, al sistema, a los impuestos y a mis viejos. Así empezó mi día y siguió con una catarata de eventos desafortunados: pisé bosta, me cagó una paloma y encima una vieja me dijo que eso era “buen augurio” (menos mal que era bueno, porque no me quiero imaginar que hubiese pasado de no haberlo sido); al mediodía me fui a un asado en el río con el curso, me fui estrenando malla (una adidas, blanca que me regaló mi abuela para navidad), ni bien llegué me tiré al agua y cuando salí, vi que me miraban y se reían… Adivinen!!! La malla se translucía toda y me quedó el canario a flor de piel como si no tuviera puesto naaaaaaaaada!!!!! Me pasé la tarde cagado de calor y envuelto en una toalla del osito Pooh. Me volví a mi casa, en bici, pedaleando contra el viento (ráfagas que deben haber superado los 82 Km. por hora), arribé a mi casa muerto, transpirado, con olor y deseando desorbitado una ducha de agua fría para refrescar, sobre todo, mis partes íntimas que venían casi prendidas fuego. Adivinen otra vez!!!! Mi hermana estaba encerrada en el baño, llorando y chillando que no iba a salir hasta que mi mamá dejara de gritarle. Mi vieja indignada diciéndole: “Pendeja de mierda!!!!! Te voy a dar yo!!! Salí, salí nomás y ya vas a ver!!! Faltaba más… la señorita se enojó porque no le compré una malla de 364 pesos!!! 364 pesos por 30 centímetros de tela!!!!!!!!!!! Dónde se ha visto semejante burrada???? 3 horas y media pateando el centro a pleno sol, 19 negocios, 12 mallas por local se midió y no le gustó ni una!!!!! Ella estaba encachilada con esa que vio en un catálogo en la casa de no se quien y que salía 364 pesos!!!! 364 pesos!!!!! Por Dios, 364 pesos!!!!!! Un cuarto de sueldo!!!!! 2 compras en el súper!!! 12 kilos de asado!!! La mitad del alquiler!!! 6 meses de gimnasio!!!! 3 temporadas de pileta!!!! Mira si voy a gastar 364 pesos en 30 centímetros de tela!!!!! Encima seguro que la compra y después no se la pone nunca porque le hace rollito acá, le ajusta allá, no le calza el corpiño… haceme el favor…” Y así siguieron gritando, mi hermana no salió del baño, mi mamá se empacó, se amotinó en la pieza y no hizo la comida. Ese fue mi día, si alguien del servicio climático hubiera tenido que describirlo, habría dicho: “Lluvias aisladas por la mañana, empeorando por la tarde. Alerta meteorológica por la noche”. Terminé acostado en mi cama, mirando el techo porque la tele no funciona desde anoche, sin comer, transpirado, sucio y con 2 bolsitas de hielo, una para calmar el ardor de allá abajo producido por la bici y otra para calmar el dolor de cabeza producido por el barco, que nunca dejó de hundirse.

martes, 6 de enero de 2009

Palabras de Lucas. Sobre “El año nuevo”.

A 6 días del nuevo año, de pronto, todo ha vuelto a su ritmo natural. El vértigo de los últimos días ha parado para darle paso a un nuevo vértigo, el de los primeros días que traen consigo las expectativas y ansiedades propias de todos los comienzos impregnados por lo desconocido. ¿Qué pasará este año? ¿Será como el que pasó? Preguntas como esas son inevitables cuando un ciclo se cierra y otro está empezando. El problema de hacerse estas preguntas, es que la respuesta no existe en ningún otro lugar, más que en el paso del tiempo, por lo que resulta bastante improductivo detenerse más de un día en este tipo de reflexiones, así que, ha vivir se ha dicho y veremos el resto sobre la marcha. Lo cierto es, que el pasado, es lo único sobre lo que podemos pensar concretamente y en esta oportunidad yo quiero hablar sobre el pasado inmediato, es decir, sobre las últimas cosas que me pasaron sobre el final del año que se fue. La noche del 31, se armó un fiestón bárbaro en la quinta de mis tíos, éramos un montón, vinieron parientes de Córdoba, Buenos Aires, Gral. Deheza y Dalmacio Vélez (hacía varios años que no nos juntábamos tantos), preparamos todo en el patio, la noche estaba especial para un asado al aire libre, los hombres nos dedicamos a la comida y las mujeres a la decoración y a los postres. Llegamos temprano, mis primos y yo fuimos los encargados de comprar toda la bebida, así que cuando volvimos del súper nos metimos a la pileta y arrancamos con picada y cerveza como para hacer una buena previa. Mi mamá estaba re contenta (por suerte), me parece que le hizo bien lo que le dije de disfrutar un poco más de las cosas y de la gente que todavía estaba en este mundo. Todos estábamos predispuestos a pasar un gran fin de año, cualquiera hubiera sido el balance del 2008, bueno o malo se estaba yendo y nosotros lo íbamos a despedir con bombos, platillos y excesos. Como era de esperarse, comimos hasta que nos salieron chinchulines por los ojos y bebimos al ritmo de cuchillos y tenedores. Yo no estoy acostumbrado a tomar tanto, por lo que traté de no excederme, además mi mamá, cada vez que yo me servía un vaso de vino, me miraba como se mira a quien asalta a un jubilado, me quedé piola y llegué al brindis de las doce, fresco como una lechuga. Después de agotar todas las provisiones de pirotecnia y mientras mi abuela se quejaba por los cuetes tirados debajo de la mesa, uno de mis primos armó un karaoke y el otro sacó el fernet con coca, meta canto y fernandito se hicieron las tres de la mañana y los mayores comenzaron a bostezar, lo cual indicaba que la fiesta estaba llegando a su fin. Nosotros nos miramos instantáneamente y con movimientos de cabeza, sin decir una palabra, acordamos seguir la bienvenida del 2009 en cualquier lugar que tuviera música y escotes pronunciados. Anunciamos nuestra partida, no así nuestro regreso, mi mamá se encargo de hacer las advertencias propias de la situación (“no llegues tarde, no tomes tanto y abrigate si refresca”), a las cuales yo respondí con afirmaciones premeditadas, nos tomamos un remis y desaparecimos cual un par de ninjas, sobre el humo del último petardo que quedaba en la bolsa. Llegamos al boliche, empezamos a saludar gente y seguimos brindando a la salud de todos, brindamos por la vida, por los amigos, por los primos, por las cañitas voladoras, por el barman, por la profe de lengua (que está re buena), por Los Simpson, por el bluetooth, por el rock, por la tapa rosca, por el FIFA 08, por las vacaciones, por el Alikal y de nuevo por los amigos y la vida y todo lo demás… ni hace falta que les diga como terminamos la jornada, no? A las 10:47 de la mañana estábamos tirando la moneda para ver quien iba a explicar el estado de nuestra llegada a mi mamá y a mis tías, que seguro estaban tomando mate en la puerta de entrada, mirando el reloj y queriendo llamar a la CAP por si nos había pasado algo. Yo pasé derecho al baño con varias urgencias y mis primos detrás mio, tiramos la moneda al vicio porque ninguno pudo coordinar más de tres palabras seguidas, los días que siguieron fueron casi letales y mi cena de hoy, fue un triste arroz pegoteado con un leve, pero tenaz sabor a resaca.

martes, 9 de diciembre de 2008

Palabras de Lucas. Sobre “El espíritu navideño”.

Ayer me di cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, pero de eso voy a hablar después, antes voy a disculparme con la señora que se sintió identificada con lo que escribí la otra vuelta, porque mi intención no fue hacerle mal a nadie, solamente quise contar lo que me había pasado y lo que pensé en ese momento. Esta señora, Noelis (que la verdad, no sé si es la señora sobre la que escribí) estuvo bien en decirme que hablé de más, porque en realidad (como dijo ella), no conozco tanto a esta persona; pero no lo hice porque soy un adolescente (como también dijo ella), sino de arrebatado nomás, y de cansado, porque me cruzo cada vez más seguido con personas que en lugar de contarme algo lindo, protestan por la vida que llevan… en fin, pido disculpas si la hice sentir mal. Una cosa más voy a decir y arranco con lo otro: ¿No le parece Noelis, que usted hizo lo mismo con el discurso que escribió sobre mí y los adolescentes en general? ¿No cree que también habló de más? Porque se refirió a nosotros como si fuéramos fabricados en serie y la verdad es que somos personas como usted, diferentes los unos de los otros, así que la próxima vez, tampoco usted hable con tanta certeza de aquellos que no conoce o al menos, no predique con la palabra lo que no hace con la acción… eso nomás quería decir.
Ahora si, retomo lo del principio… decía que ayer me di cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, cuando empecé a ver arbolitos de navidad por todos lados. De nuevo estamos en diciembre, a punto de terminar otro año y a mi me parece que fue ayer, cuando en la navidad pasada me regalaron la patineta que todavía no aprendí a usar bien… ¿Qué loco, no? ¿Será el tiempo que pasa cada vez más rápido o yo, que cada vez estoy más lento? No sé, el asunto es que mi papá y mi mamá, ya están discutiendo de nuevo con quien pasar las fiestas. Eso pasa todos los años y siempre termina igual: la Navidad con mi familia materna y el año nuevo con mi familia paterna, no sé para que desatan las batallas que desatan si al final hacemos lo mismo cada año, supongo que forma parte de la tradición, del festejo. La cuestión, es que mi mamá se empieza a poner triste desde temprano, porque dice que no le gustan las fiestas, que se acuerda de los que ya no están y todo eso. Las noche del 24 y del 31 (pero más la del 24, no se por qué), cuando hacemos el brindis y nos saludamos, ella nos abraza llorando, nos da los regalos llorando, toma la sidra llorando, corta el pan dulce llorando, nos da un pedacito a cada uno y el resto se lo come todo ella diciendo que tiene angustia oral. Yo entiendo que cuando falta en la mesa una persona a la que uno ha querido mucho, la nostalgia viene si o si en algún momento, pero me parece que tampoco es para andar desparramando tristeza a diestra y a siniestra, porque la idea es festejar algo… o no? De otra forma, en vez de decir que nos juntamos a festejar la navidad, digamos que nos juntamos a llorar la navidad y por lo menos estamos todos avisados. Mi abuelo hace cuatro navidades que no está y yo me acuerdo de él siempre, pero más me acuerdo los domingos de asado, las tardes que lo iba a ver jugar a las bochas, las mañanas que me acompañaba a la escuela y todos los días que voy a la casa y no lo veo sentado en su sillón mirando el noticiero, tendría que llorar como mi mamá los 365 días del año… me parece que no pasa por ahí la cosa, pero es lo que yo pienso. Me parece que sería bueno, en lugar de ponernos tristes por los que no están, ponernos contentos por los que si estamos, agradecer los lugares de la mesa que todavía están ocupados y que son mayoría, y acordarnos de los que se fueron con la alegría que nos dejaron, repitiendo sus chistes, sus anécdotas, las historias repetidas año tras año con finales colectivos, el esfuerzo que hacían por no quedarse dormidos antes de las doce y todo lo que en esos momentos nos hizo llorar, pero de la risa… para recordar como ellos lo hacían y para no olvidar lo lindo que fue tenerlos sentados en la mesa.

martes, 25 de noviembre de 2008

Palabras de Lucas. Sobre “La gente que se queja”.

Hoy tuve hora libre, porque la profe de Física se enfermó. Mis compañeros de curso se fueron al quiosquito de enfrente, pero yo me quedé en la escuela para ir a la cantina. A la mañana la atiende Natalia, una chica que me gusta desde segundo año, nunca me dio bola, supongo que por la diferencia de edad, tiene cinco años más que yo, cuatro y diez meses para ser más específicos. Hace dos meses, sin embargo, me dijo que me veía cambiado, más adulto, eso me dio esperanza, así que empecé a ir más seguido a charlar con ella, cada vez que tenía oportunidad me hacía una escapadita. Ese día, para mi sorpresa, estaba atendiendo la dueña, la señora Noelis (con “s”, no con “a”, se enoja con los que le dicen Noelia). Es una mujer bastante malhumorada, igual le pregunté por Natalia, me dijo que esa mañana no se sentía bien y que por eso había faltado, yo le conté que mi profesora de Física también estaba enferma y ahí se desencadenó todo. “¿Y cómo no van a estar enfermas?”, me dijo enojada, “si el clima en esta época parece manejado por el diablo. Uno sale temprano y hace frío, cerca del mediodía el calor parte la tierra y hay que desabrigarse, a la nochecita vuelve a refrescar, ahí te agarra desprevenido y listo, en cama una semana sin poder hacer nada. Encima las chicas de hoy, ven un rayito de sol y ahí nomás se destapan, un desfile de musculosas y polleras cortas parece la calle, es como si llamaran a la desgracia. Todo es culpa de la televisión, puro culos y tetas todo el día, nada bueno para ver, si no es sexo es violencia, nada es como antes… Dios mío, a que hemos llegado. Mi hija está todo el día con esos programas de chimentos, y a mí no me queda otra que sentarme a mirar, porque si digo algo se arma la podrida. Mi marido, que en paz descanse, era igual. Siempre mirando esas mujeres medio desnudas con cara de baboso, y delante de mis narices, hasta cuando íbamos en el auto, no había pantalón ajustado al que no le quisiera clavar los dientes. El creía que yo no me daba cuenta, pero si eh, me daba mucha cuenta, pero no decía nada, total iba a seguir mirando, por eso se debe haber muerto joven, por un castigo de Dios.” Y así, siguió quejándose, del dolor de los huesos, de los médicos, de los perros que le destrozaban el jardín, de los gatos que hacían pis en su patio, de los dueños que no mantenían a sus mascotas dentro de la casa, del carnicero que le vendía carne en mal estado, de los remedios que ya no eran como antes, de sus hijos que no la escuchaban, de sus amigas que ya no iban a visitarla, de sus kilos de más, de su soledad, de su tristeza, de sus nostalgias… de toda su vida. Cuando ya me estaba por explotar la cabeza, sonó el timbre del recreo, aproveché para irme y la saludé de lejos. Pero llegando al aula tuve el impulso de volver, de preguntarle algo, no podía ser que una persona dentro de todo joven, viviera quejándose de todo, no podía entenderlo, llegué al mostrador y le dije preocupado: “Señora Noelis, si tanto mal le hacen sus dolores, su tristeza, sus kilos de más… ¿Por qué no va al médico? o haga dieta, salga a caminar, diviértase… trate de cambiar las cosas que le molestan”. Asintió con la cabeza y me miró irónica, “Como si fuera tan fácil nene, vos porque sos joven, pero yo estoy vieja y cansada. Me quedo así, porque no hay nada que hacer”. La miré, no dije más nada y me fui pensando. Cada cual elige, en la medida de lo posible como quiere vivir, a mi me parece que uno debe aprender a ir por el camino de las cosas que le hacen bien, y que todos sabemos, algunos más otros menos, cuales son esas cosas y cuales no, distinto es que no sepamos o no queramos verlas. Si uno aprende a “convivir” con todo eso, se queja y no hace nada para cambiar, quizás la situación no es tan grave, quizás el mal no sea tan grande y por supuesto, lo más cómodo sería quedarnos así, quietos, esperando que la situación empeore para decidirnos finalmente a actuar… o no. Si alguna vez, esto me pasa a mi, ojalá me de cuenta a tiempo, para que no sea demasiado tarde, para no ver la vida desde un costado del camino.