martes, 6 de enero de 2009

Palabras de Lucas. Sobre “El año nuevo”.

A 6 días del nuevo año, de pronto, todo ha vuelto a su ritmo natural. El vértigo de los últimos días ha parado para darle paso a un nuevo vértigo, el de los primeros días que traen consigo las expectativas y ansiedades propias de todos los comienzos impregnados por lo desconocido. ¿Qué pasará este año? ¿Será como el que pasó? Preguntas como esas son inevitables cuando un ciclo se cierra y otro está empezando. El problema de hacerse estas preguntas, es que la respuesta no existe en ningún otro lugar, más que en el paso del tiempo, por lo que resulta bastante improductivo detenerse más de un día en este tipo de reflexiones, así que, ha vivir se ha dicho y veremos el resto sobre la marcha. Lo cierto es, que el pasado, es lo único sobre lo que podemos pensar concretamente y en esta oportunidad yo quiero hablar sobre el pasado inmediato, es decir, sobre las últimas cosas que me pasaron sobre el final del año que se fue. La noche del 31, se armó un fiestón bárbaro en la quinta de mis tíos, éramos un montón, vinieron parientes de Córdoba, Buenos Aires, Gral. Deheza y Dalmacio Vélez (hacía varios años que no nos juntábamos tantos), preparamos todo en el patio, la noche estaba especial para un asado al aire libre, los hombres nos dedicamos a la comida y las mujeres a la decoración y a los postres. Llegamos temprano, mis primos y yo fuimos los encargados de comprar toda la bebida, así que cuando volvimos del súper nos metimos a la pileta y arrancamos con picada y cerveza como para hacer una buena previa. Mi mamá estaba re contenta (por suerte), me parece que le hizo bien lo que le dije de disfrutar un poco más de las cosas y de la gente que todavía estaba en este mundo. Todos estábamos predispuestos a pasar un gran fin de año, cualquiera hubiera sido el balance del 2008, bueno o malo se estaba yendo y nosotros lo íbamos a despedir con bombos, platillos y excesos. Como era de esperarse, comimos hasta que nos salieron chinchulines por los ojos y bebimos al ritmo de cuchillos y tenedores. Yo no estoy acostumbrado a tomar tanto, por lo que traté de no excederme, además mi mamá, cada vez que yo me servía un vaso de vino, me miraba como se mira a quien asalta a un jubilado, me quedé piola y llegué al brindis de las doce, fresco como una lechuga. Después de agotar todas las provisiones de pirotecnia y mientras mi abuela se quejaba por los cuetes tirados debajo de la mesa, uno de mis primos armó un karaoke y el otro sacó el fernet con coca, meta canto y fernandito se hicieron las tres de la mañana y los mayores comenzaron a bostezar, lo cual indicaba que la fiesta estaba llegando a su fin. Nosotros nos miramos instantáneamente y con movimientos de cabeza, sin decir una palabra, acordamos seguir la bienvenida del 2009 en cualquier lugar que tuviera música y escotes pronunciados. Anunciamos nuestra partida, no así nuestro regreso, mi mamá se encargo de hacer las advertencias propias de la situación (“no llegues tarde, no tomes tanto y abrigate si refresca”), a las cuales yo respondí con afirmaciones premeditadas, nos tomamos un remis y desaparecimos cual un par de ninjas, sobre el humo del último petardo que quedaba en la bolsa. Llegamos al boliche, empezamos a saludar gente y seguimos brindando a la salud de todos, brindamos por la vida, por los amigos, por los primos, por las cañitas voladoras, por el barman, por la profe de lengua (que está re buena), por Los Simpson, por el bluetooth, por el rock, por la tapa rosca, por el FIFA 08, por las vacaciones, por el Alikal y de nuevo por los amigos y la vida y todo lo demás… ni hace falta que les diga como terminamos la jornada, no? A las 10:47 de la mañana estábamos tirando la moneda para ver quien iba a explicar el estado de nuestra llegada a mi mamá y a mis tías, que seguro estaban tomando mate en la puerta de entrada, mirando el reloj y queriendo llamar a la CAP por si nos había pasado algo. Yo pasé derecho al baño con varias urgencias y mis primos detrás mio, tiramos la moneda al vicio porque ninguno pudo coordinar más de tres palabras seguidas, los días que siguieron fueron casi letales y mi cena de hoy, fue un triste arroz pegoteado con un leve, pero tenaz sabor a resaca.

5 comentarios:

JADE dijo...

que sentido tiene todo lo que has plasmado en este post... estabas onactiva y extrañaba leer algo extenso!!!
un beso grande!!!

Silvia dijo...

bravo!!!

Silvia dijo...

parequalpobre niño!! debe despojarse cuanto antes de su madre...no lo deja ser... en año nuevo.yo comparto ciertas reprobaciones, pero no es para tanto ja ja.
me encantó, continuá.
añeja

Sandra dijo...

la bulia de enero es practicamente insoportable

Silvia dijo...

yyyyyyyyyyyyyy?????????????????????