martes, 25 de noviembre de 2008

Palabras de Lucas. Sobre “La gente que se queja”.

Hoy tuve hora libre, porque la profe de Física se enfermó. Mis compañeros de curso se fueron al quiosquito de enfrente, pero yo me quedé en la escuela para ir a la cantina. A la mañana la atiende Natalia, una chica que me gusta desde segundo año, nunca me dio bola, supongo que por la diferencia de edad, tiene cinco años más que yo, cuatro y diez meses para ser más específicos. Hace dos meses, sin embargo, me dijo que me veía cambiado, más adulto, eso me dio esperanza, así que empecé a ir más seguido a charlar con ella, cada vez que tenía oportunidad me hacía una escapadita. Ese día, para mi sorpresa, estaba atendiendo la dueña, la señora Noelis (con “s”, no con “a”, se enoja con los que le dicen Noelia). Es una mujer bastante malhumorada, igual le pregunté por Natalia, me dijo que esa mañana no se sentía bien y que por eso había faltado, yo le conté que mi profesora de Física también estaba enferma y ahí se desencadenó todo. “¿Y cómo no van a estar enfermas?”, me dijo enojada, “si el clima en esta época parece manejado por el diablo. Uno sale temprano y hace frío, cerca del mediodía el calor parte la tierra y hay que desabrigarse, a la nochecita vuelve a refrescar, ahí te agarra desprevenido y listo, en cama una semana sin poder hacer nada. Encima las chicas de hoy, ven un rayito de sol y ahí nomás se destapan, un desfile de musculosas y polleras cortas parece la calle, es como si llamaran a la desgracia. Todo es culpa de la televisión, puro culos y tetas todo el día, nada bueno para ver, si no es sexo es violencia, nada es como antes… Dios mío, a que hemos llegado. Mi hija está todo el día con esos programas de chimentos, y a mí no me queda otra que sentarme a mirar, porque si digo algo se arma la podrida. Mi marido, que en paz descanse, era igual. Siempre mirando esas mujeres medio desnudas con cara de baboso, y delante de mis narices, hasta cuando íbamos en el auto, no había pantalón ajustado al que no le quisiera clavar los dientes. El creía que yo no me daba cuenta, pero si eh, me daba mucha cuenta, pero no decía nada, total iba a seguir mirando, por eso se debe haber muerto joven, por un castigo de Dios.” Y así, siguió quejándose, del dolor de los huesos, de los médicos, de los perros que le destrozaban el jardín, de los gatos que hacían pis en su patio, de los dueños que no mantenían a sus mascotas dentro de la casa, del carnicero que le vendía carne en mal estado, de los remedios que ya no eran como antes, de sus hijos que no la escuchaban, de sus amigas que ya no iban a visitarla, de sus kilos de más, de su soledad, de su tristeza, de sus nostalgias… de toda su vida. Cuando ya me estaba por explotar la cabeza, sonó el timbre del recreo, aproveché para irme y la saludé de lejos. Pero llegando al aula tuve el impulso de volver, de preguntarle algo, no podía ser que una persona dentro de todo joven, viviera quejándose de todo, no podía entenderlo, llegué al mostrador y le dije preocupado: “Señora Noelis, si tanto mal le hacen sus dolores, su tristeza, sus kilos de más… ¿Por qué no va al médico? o haga dieta, salga a caminar, diviértase… trate de cambiar las cosas que le molestan”. Asintió con la cabeza y me miró irónica, “Como si fuera tan fácil nene, vos porque sos joven, pero yo estoy vieja y cansada. Me quedo así, porque no hay nada que hacer”. La miré, no dije más nada y me fui pensando. Cada cual elige, en la medida de lo posible como quiere vivir, a mi me parece que uno debe aprender a ir por el camino de las cosas que le hacen bien, y que todos sabemos, algunos más otros menos, cuales son esas cosas y cuales no, distinto es que no sepamos o no queramos verlas. Si uno aprende a “convivir” con todo eso, se queja y no hace nada para cambiar, quizás la situación no es tan grave, quizás el mal no sea tan grande y por supuesto, lo más cómodo sería quedarnos así, quietos, esperando que la situación empeore para decidirnos finalmente a actuar… o no. Si alguna vez, esto me pasa a mi, ojalá me de cuenta a tiempo, para que no sea demasiado tarde, para no ver la vida desde un costado del camino.

3 comentarios:

Darío Falconi dijo...

Hola Julia! Te felicito por el nuevo emprendimiento literario. Seguiremos de cerca las ocurrencias de Lucas y las andanzas de Noelis.
Nuevamente felicitaciones por empezar este nuevo camino que no tiene más fronteras que las que dicta la imaginación. Un beso grande.

laura dijo...

marita!!!! me encantó!......que lástima que haya tantas Noelias...(perdón Noelis)...dando vuelta ....y que pasen la vida .....desaprovechando la vida...tan linda que es!!!! te quiero muchisisisimo y segui escribiendo que te voy a estar leyendo. un besote.......tia laura

Anónimo dijo...

juli nos has hecho reflexionar, de alguna manera nos sentimos en el medio de estos dos personajes y tal vez nos identifiquemos un poco con ambos tratando de tomar lo positivo tal vez ese sea el objetivo que no perdamos de vista lo verdaderamente importante aunque a veces la realidad de las cuentas que pagar ya sea monetarias o afectivas nos limiten y nos hagan pensar que no hay nada mas por hacer y nos tiente a rendirnos creemos que no es el camino siempre hay algo mas todo depende de nosotros mismos y de lo querramos alcanzar....
saludos y la mejor onda