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martes, 16 de junio de 2009

¿De qué hablamos cuando hablamos de tiempo?

Yo me imagino a un tipo de unos, 43 años, trajeado, correcto, con facciones rígidas, peinadito con gomina (que antigüedad… Gomina!!!!!), rayita al costado, que siempre camina delante nuestro y procura no ser alcanzado. Inmutable con su portafolios marca Acme (siempre a punto de explotar), parece en constante potencia de desbandarse pero pocas veces lo hace. Buen tipo ciertas temporadas, otras un canalla que apela a su inteligencia y a nuestra maldita manía de ver las cosas a través del filtro de la desdicha, para divertirse con nosotros mostrándonos la vida desde el podio de los estragos que genera su paso. Habría que bajarle el copete a este señorito inglés, porque más de una vez se lo ha visto de parranda, despeinado, abandonando sus puestos de trabajo, alcoholizado y bajo los efectos de estupefacientes que esperan por ser legalizados. Existe un innumerable número de fotografías que se han publicado en los medios, en donde el muy guacho destila un dejo de humanidad, sólo cuando se relaja y nos da una tregua. Vale decir entonces, que podríamos pensar en él, como un simple funcionario del destino, un pobre empleado sin decisión, que cobra su sueldo por cumplir la tarea de mortificar a todas aquellas personas para las cuales, el transcurso de los minutos tiene un peso incalculado. No obstante, el hecho de ser un simple trabajador que recibe órdenes, no lo exime de toda culpa, ya que más de una vez se pasa de la raya, hace abuso de autoridad y le mete condimentos propios a determinadas situaciones, que empeoran considerablemente, el estado mental de los damnificados. Deberíamos ser menos flojos, menos dramáticos, pero se ve que llevamos un alto grado de novela en la sangre y así, tendemos al fatalismo del que se agarra el Sr. Tiempo para complicarnos la existencia. Encima, este tipo tiene experiencia y es un gran observador, hace de su trabajo un arte y de cada persona, un nuevo desafío. A algunos los agarra por el lado de la vejez, las arrugas, la flaccidez y todo eso; a otros, por el lado de las metas no alcanzadas o por alcanzar; a otros, por la permanencia en determinados contextos que pretendían ser pasajeros y se tornaron eternos; a otros, por la añoranza de épocas pasadas; a otros, por la espera de un futuro mejor; y así, tiene para hacer dulce, porque todos en algún punto, lo tomamos como referencia para conducirnos en la vida. Si no nos falta, nos sobra; si no nos corre, lo corremos; si no lo buscamos aparece, si lo buscamos se escabulle; si deseamos que pase rápido, se queda vilmente, si deseamos que pase lento, se va a la mierda… habría que verlo desde otro punto y preguntarnos quién juega con quién, porque releyendo esto, el mismísimo tiempo podría pensar que lo estamos tomando para la chacota, con este síndrome de “gatas floras” del que somos felices poseedores.
Tal vez si, tal vez habría que dar vuelta las cosas, dejar de tirarle la culpa al Tiempo y chusmearnos un poquito más adentro para conocer la verdadera verdura.
Después de todo, quizás el Tiempo sea solo tiempo y que pase sin pena ni gloria o no, no depende de él, sino de nosotros… he dicho!!

jueves, 28 de mayo de 2009

Palabras mías. Sobre “Una vida sin celular: una vida de tragedia”

Vengo viniendo medio meada por un elefante, porque no se están dando las cosas como me gustaría, sino exactamente al revés, ni siquiera se aproximan a lo deseado, pero bue… Tanto laboral, académica y un que otro “mente” más, las “cosas” están tomando el rumbo que se les canta sin siquiera pedirme permiso o al menos darme aviso (como para que la sorpresa no me tome tannnnnnn por sorpresa). “Todo toma su curso natural”, dicen los que saben. El tema es que lo natural en este caso es una cagada y me queda preguntarme una y otra vez, que es lo que tendré que aprender de todo ésto, porque si bien “unos nacen con estrellas y otros estrellados”, me niego a entregarme de lleno a ese proverbio consolador y me sostengo pensando que definitivamente detrás de toda esta coyuntura hay más que una simple cizaña de la vida o un designio del destino o un karma de nacimiento (joder!!). Además, “a mi nadie me va a decir como he venido a nacer o que tengo que hacer!!!! Nadie me va a venir a decir con que karma cargo y con cual no!!! Nadieeeeeeeeeee!!!!”. Bueno, quizás no tan así, pero como ya dije, me niego a quedarme en el molde, reposando en las escrituras del futuro, cosmos o quieran llamarlo. Cuando uno atraviesa estos momentos, tiene que plantearse que es lo que está haciendo mal o qué es lo que tiene que aprender. Estos momentos sirven mucho para conocerse, para saber hasta donde se es capaz de llegar, cuáles son los límites, cuál es el “poder” de regeneración, cuál es el tope… el fondo. No es tarea fácil ni placentera, porque a veces nos encontramos con que ahí tampoco las cosas salen como lo teníamos pensado, pero valen todos los intentos.
Bueno, como introducción ya es suficiente… vamos al grano. Además de todo eso, ayer me vengo a quedar sin celular: el muy guacho no tuvo mejor idea que morirse justo ahora…. Justo ahora!!!!!! De repente, se le piantó el moño y se le quedó la mente en blanco (mente = pantalla). ¿Y eso que significa? Que no puedo hacer otra cosa más que recibir llamados (y no sé hasta cuando, porque como viene el muy HdP, en cualquier momento se clava del todo). Me mandan mensajes (lo sé por el “tin-tin-tin-tin”) y no los puedo leer, mucho menos contestarlos; me llaman y no veo quien es (o sea que si es alguien que no quiero atender, atiendo igual); si necesito llamar a alguien (podría hacerlo del fijo), no puedo porque tengo todos los teléfonos en esa agenda de mierda que me resulta prácticamente vital; me quedé sin alarma despertadora (voy a tener que comprar un reloj, finalmente); sin recordatorios de cumpleaños, turnos al dentista o fechas de examen (suenan uno detrás del otro y tengo que andar adivinando); me quedé sin calendario, sin música, sin fotos, sin el ring tone de Homero eructando que divierte a mis amigos cuando empiezan a decaer las fiestas… en fin, mi vida se transformó en una tragedia griega y todo por un celular del demonio (posta que para mí lo inventó Lucifer para cagarse de risa en nuestras caras). ¿Cuándo fue que me hice tan dependiente de ese aparatito? ¿Cuándo fue que mi vida se redujo a ese objeto inanimado de tamaño reducido? No lo sé, y hoy estoy cayendo en la cuenta de lo que esta porqueriíta representa para mí… “El hombre domina a la máquina”. ¿Qué???????? ¿Quién fue???? ¿Quién dijo semejante estupidez???? Esa frase ha quedado obsoleta, seguro que quien la dijo no tenía celular y no conocía las bondades del mismo. Qué microondas, ni que microondas… no hay electrodoméstico que le llegue siquiera, a los talones, porque en materia de facilitar la vida, el celular no tiene parangón.
Ahora sí que se me puso difícil… sin celular estoy frita.
Y eso que “ a mí nadie me hace sentir frita!!!! Nadie se me rie en la cara!!!! Nadie me levanta la manoooooooo!!! Nadieeeeeeeeeeeeeeeee!!!!!!!!!”.


P/D: Sin la ayuda de mi cuñado mayor, este post no habría existido: Gracias… Totales!!! Jejejejeje…

domingo, 17 de mayo de 2009

HOY ME TOCA A MÍ (de nuevo)… Palabras mías sobre “Los domingos sirven para que uno reviente como un sapo”.

Los domingos sirven para que uno reviente como un sapo y lo digo literalmente.
No sé como se reventarán los sapos (no tuve la dicha de ver a ninguno), pero me imagino que los estados a los que uno llega en determinados domingos, debe asemejarse bastante. La “reventada” puede ser producto de alguna causa particular, de la combinación de dos o más, o de la confluencia de todas.
Para empezar a enumerar, voy a hablar de la más común: COMER COMO ANIMALES todo tipo de alimentos (nocivos en su mayoría) hasta quedar inmóviles, panza para arriba y listos para esperar la muerte (que si viniera a buscarnos, necesitaría una grúa para remolcar semejante bola de kilos). Acostumbrados a una alimentación precaria durante la semana (arroz, fideos, panchos y pizza), muy poco elaborada, repetitiva, escasa y a las apuradas, los domingos en familia son concebidos como una revancha. Las madres, tías o abuelas nos esperan con banquetes desproporcionados en cantidad y calidad, con una variedad de ensueño y decididas a emplear cualquier tipo de artilugio si venimos cortos de hambre (no aceptan un “no” ni por casualidad). Entre frases como: “Nena, proba ésto y ésto y esto”, “Comeeeeeeeeeeete el último pedacito” o “Te hice la comida que tanto te gusta”, vamos de una fuente a la otra como si se tratara de un torneo con postas, y en el que obviamente, gana el que pasa por todas, aún cuando en las últimas, ya le cuesta respirar. Solo está permitido tomar gaseosa, razón por la cual la hinchazón se hace cada vez más y máaaaaaaaas pronunciada. Ni mencionar los mates que vienen después, acompañados de alguna/s torta/s y las sobras del almuerzo que exterminamos a la noche en nuestras respectivas casas.
Otra causa de “reventón”, está directamente relacionada con la característica propia de los domingos: SON UN BAJÓN. No solamente se puede reventar físicamente, emocionalmente… también!!! No sé cual será el origen de ésto, pero el séptimo día es tristíiiiiiiiiisimo y si estamos en invierno, peor!!! Encima en la tele no hay nada bueno para ver, te da fiaca salir a visitar amigos, dormís siestas eternas (varias durante el día), te ponés a rememorar viejas épocas con canciones nostalgiosas (porque uno es masoka masoka), te pinta la angustia oral y seguís comiendo… se te hace laaaaaaaaaaargo el día y terminas reventándote la cabeza contra la pared porque no te queda otra, es el paso obligado.
Otra: si saliste la noche anterior y el domingo te agarró en tu casa con RESACA y SOLO, sin nadie que te haga un miserable tesito o te de apoyo logístico mientras te desarmás en el baño… eso si que es feo. Te dormís con el mundo patas para arriba y te despertás igual, tomás coraje (solo coraje, porque ni agua podés tomar) y repasás en tu cabeza el recorrido que hay de la cama hasta el baño, dándote fuerzas y pensando que “Vos podés, vos podés”. Te sentás (ya es un gran paso), aguantás un rato ahí viendo que onda, bajás las piernas y el frío del piso apura los trámites, salís corriendo al baño y llegás jugadísimo. Puede que toda esa serie de acciones no te salga de una, pero es normal e intentás no desmoralizarte ante los emprendimientos fallidos. Volvés a la cama arranstrándote, transpiración a full y frío, mucho frío (sudor helado, ay ay ay ay), te metés de nuevo entre las sábanas, pero solo por unos instantes, porque vas a repetir el recorrido tantas veces como sea necesario y usualmente la cantidad no baja de las 6 o 7. Mientras tanto, despotricás contra el domingo, la cerveza, el fernet, la soledad, el Alikal que no funciona, el Biletan Encimático que te olvidaste de tomar la noche anterior, contra el frío, contra el calor, contra la soledad de nuevo y así te pasas un domingo del demonio, postrado en la cama y pensando como coño vas a hacer al día siguiente para ir a laburar.

Los domingos solo sirven para que uno reviente como un sapo. Alguien tendría que haberle avisado al “fierita” que en el séptimo día uno no descansa, sino que se cansa más que cualquier otro día de la semana, porque se la pasa tejiendo melancolías en medio de una oralidad desaforada.
Ante sala de los lunes, post sábados de furia, el domingo sirve para que reventemos como sapos, habrá que cuidarse de no salpicar…………tanto.

miércoles, 6 de mayo de 2009

HOY ME TOCA A MÍ… Palabras mías. Sobre “Lo que escribimos cuando se nos acaban las ideas”.

¿Y qué hacemos cuando se nos acaban las ideas? ¿Cuándo no tenemos siquiera una pequeñísima chispa encendida? Nada... no hacemos NA-DA... o al menos no hacemos nada que involucre las palabras creatividad, imaginación o artístico. Y cuando digo creatividad, no hablo de reemplazar la pimienta por el pimentón; y cuando digo imaginación, no hablo de cambiar los muebles de lugar; y cuando digo artístico no hablo de analizar un partido de fútbol... sin ánimos de desmerecer, no? Hablo de escribir una frase RE- LOCA, entendés??? (uhhhhhhhhhhhhhhhhh) (uhhhhhhhhhhhhhhhhhhh) (uhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh)... (uh)
No, hablando en serio, es una cagada cuando quiero escribir algo “y no se me ocurre nada, entonces agarro la cuchara, el tenedor, el cuchillo, y me pongo a cocinar” (a lo Piti… uhhhhhhhh), solo que en mi caso agarro la cuchara, la taza, el azúcar, y me hago un café (doble, uhhhhhhhhh uhhhhhhhhhhhh). Doy vueltas, leo boludeces, llamo a mi mamá que se preocupa por mi nariz congestionada pensando que me dio la Gripe Porcina (o Cochina), me prendo un cigarrillo como si eso fuera a encenderme la inspiración (y en realidad solo enciende mi aspiración/humo), me siento en la compu, me paro de vuelta, voy a la heladera, me como un huevo de pascuas viejo yo solita, me da dolor de panza, me tomo un Alikal efervescente (es lo único que tengo), me liquido un litro de jugo de manzanas (para sacarme el mal gusto), me dan ganas de ir al baño (la manzana es diurética), me saco un granito al frente del espejo (debe haber sido el huevo de pascuas), me veo el flequillo largo, busco el teléfono de mi peluquero, no lo encuentro, agarro la tijera, me lo corto, me hago un desastre, cruzo al kiosco, compro invisibles, trato de enmendar lo que hice, no hay caso, vuelvo a buscar el teléfono del peluquero, no lo encuentro, llamo a una amiga estudiante de peluquería, no está en la ciudad, llamo al 110, me dan el teléfono del peluquero, lo llamo, no tiene turno hasta la semana que viene, me deprimo (el flequillo es un esperpento y parezco Chirolita), le escribo un mensaje a mi hermana (es lo único que puedo escribir) para que venga a tomar mate (le meto más al estómago), viene mi hermana, tomamos mates, comemos facturas (sigo siguiendo), se va, me vuelvo a sentar en la compu (con la ilusión de que se me prenda la lamparita), empiezo un renglón, no me gusta, lo borro, empiezo otro y otro y otro y así estoy como dos horas, voy a comprar verduras para hacerme una tarta, vuelvo, no tengo ganas de cocinar, me armo un sándwich de tomate y queso, prendo la radio, están hablando de la Gripe Cochina, empiezo a estornudar sin parar, apago la radio, dejo de estornudar, me conecto al Messenger, chateo con un primo que no veo desde hace años, no se que más preguntarle, le digo que estoy ocupada (escribiendo), le miento, me desconecto, agarro un libro de Feng Shui (me lo regalaron hace dos años y nunca lo leí), cambio de lugar algunos cuadros, armonizo el ambiente (uhhhhhhhh), me concentro (uhhhhhhhh), me desconcentro rápido, evalúo mi nivel de atención, es bajo, me prendo otro cigarrillo, empiezo a toser, lo apago, juego al solitario, pierdo, vuelvo a jugar, vuelvo a perder, pienso en el amor (afortunada en el juego no soy... uhhhhhhhh, loco), juego otra vez, gano, vuelvo a pensar en el amor, sigo empecinada en escribir, abro un archivo de Word nuevo, lo guardo en Mis documentos bajo el nombre de “Uhhhhhhhhh” (no se me ocurre nada más acertado), miro la pantalla en blanco, escribo dos renglones, no me gustan, los borro, escribo otros dos, también los borro, escribo cuatro, cinco, seis, doce, quince, veinte, muchos, termino de escribir, pude escribir algo (por fin), hago un repaso para ver la gramática, leo todo desde el comienzo, el texto empieza así:
“¿Y qué hacemos cuando se nos acaban las ideas? ¿Cuándo no tenemos siquiera una pequeñísima chispa encendida? Nada… no hacemos NA-DA…”.

miércoles, 15 de abril de 2009

HOY ME TOCA A MÍ… Palabras mías. Sobre “Lo que pasa cuando la vida nos sorprende (una vez más)”.

Sigo “siguiendo” con ganas de hablar yo. Aquí estoy una vez más, un tanto impactada y vengo a hacer terapia en este ciber espacio.
Es impresionante la manera en que el destino, un día y sin aviso, nos pone en el camino una situación que cambia por completo la visión que tenemos de nuestro andar cotidiano. Un hecho, solo un hecho, de repente hace que todo comience a tener otro sentido. Lo conocido, inminentemente se transforma con la proliferación de nuevas interpretaciones que desestabilizan el entorno que nos rodea. Nos sentimos diferentes, raros, ajenos, frente a aquello que ayer nos proveía comodidad. El silencio que supimos asimilar con tranquilidad, comienza a tener otras connotaciones. ¿Y todo por qué? Porque un hecho, solo un hecho, ha cambiado nuestra perspectiva y todo tiene ahora otro significado y otro impacto. Obviamente, la magnitud de ESE hecho debe ser lo suficientemente grande como para provocar tremendo desbarajuste, no obstante, sigue siendo un hecho y solo un hecho. El tema es, que a estas “sorpresas” de la vida, uno no se acostumbra nunca, sobre todo, si el impacto a primera vista es nocivo. Supongo que porque todo re-acomodamiento que se produce en nuestra realidad, implica un cierto grado de desorientación propio de cualquier imprevisto. Cuesta adaptarse a las nuevas estructuras, es un trabajo de hormiga que lleva su tiempo y pone en juego un alto grado de energía. También es cierto, que de estas cosas uno aprende y descubre nuevos rasgos de la propia personalidad dormidos hasta el momento. Cada situación tiene un lado positivo y uno negativo, que se dejan ver cuando uno puede sustraerse mínimamente: lo positivo es que, para adelante, las pequeñas cosas comienzan a tener un valor enorme; lo negativo es todo lo que no ha podido ser frente a la aparición de este hecho en particular.
Nos vamos poniendo grandes (por cierto, que difícil es ser grande… ja) y eso se nota en el cuerpo. De repente caemos en la cuenta de que tenemos que cuidar la “maquina”, comenzamos a tener miedos nuevos de los que no teníamos ni noticias 10 años atrás, la cabeza se pone endeble, se nos bajan las defensas y tenemos que esforzarnos el doble para no caer en pensamientos corruptores. Necesitamos el apoyo incondicional de los afectos, necesitamos más compañía que la de costumbre y de un momento para el otro, volvemos a sentirnos como un bebé de pecho, desprovistos de la facultad para resolver ciertas cosas en soledad y buscamos con urgencia un par de brazos en los cuales alojarnos para descansar seguros. ¿Qué paradoja, no? Mientras más grandes, más pequeños.
Una vez más, habrá que ponerle al mal tiempo buena cara, apelar al ser positivo que la naturaleza nos ha dado, para atraer buenos pensamientos que nos lleven a buen puerto.
Que catastrófica he sonado hoy... y todo por una indigestión!!! Y bue, por ahí me pinta la novela…

Desde aquí les saluda: Grecia Colmenares!!!

viernes, 3 de abril de 2009

HOY ME TOCA A MÍ... Palabras mías. Sobre “Pequeñas definiciones que forman parte de mi diccionario”

Últimamente se me está complicando ésto de escribir semanalmente. Las razones: por un lado, a veces no se de qué mierda hablar; por el otro, a veces me dan ganas de hablar de todo. Hoy es uno de esos días en los que la segunda opción se hace presente, por lo que he decidido enunciar un par de opiniones sobre algunos aspectos de la vida cotidiana que considero importantes. Ahí van:

EL PERDÓN: cuando alguien se manda una cagada con otra persona, una de las resultantes posteriores es el PEDIDO de PERDÓN, tarea que facilita la asimilación de la culpa que se genera cuando agraviamos a alguien. Aclaremos algo: el PERDÓN no es un aliciente para el agraviado, sino para el autor del agravio; es decir, que el PERDÓN es un mecanismo que utiliza la persona que se la mandó para sentirse mejor y libre de culpas (por eso a veces los “Perdoname” son repetidos una y otra vez hasta conseguir - por cansancio, tal vez- el “Está bien, te perdono”), pero en realidad al agraviado, creo que no le sirve demasiado. Por esto, cuando a mi me ha tocado ser la que recibe el pedido de perdón, mi respuesta varias veces ha sido: “No me pidas perdón, el perdón no es para que yo me sienta mejor, es para que vos te sientas mejor. Lo hecho, hecho está y lo óptimo hubiera sido que no te hubieses mandado nunca esa cagada”.

LA MENTIRA: que boludés cuando te dicen que OMITIR no es MENTIR. Resulta que hay personas no mienten,sino que omiten “pequeños” detalles, porque no los consideran importantes. Bah… con ese verso a otro lado. La realidad es que con este tipo de cosas o con mentiritas “blancas e inofensivas”, la confianza en las relaciones se desgasta. No importa el tamaño de la mentira, importa que igual es mentira y la deducción que nos queda al alcance de la mano es: Si ante situaciones pavas el primer recurso en el que piensan es una “mentirita piadosa”… ¿Qué podemos esperar que hagan si se mandan una cagada de verdad?

LOS CELOS: que cagada los CELOS, no??? Y que cagada aún mayor, son los análisis introspectivos que vienen detrás. Los celos implican inseguridades propias y la mayoría de las veces están basados en situaciones imaginarias y supuestos. Es increíble la capacidad que poseemos para armarnos un largometraje a partir de pequeños “indicios”, que rara vez se condicen con la realidad paralela que hemos inventado. ¿No les ha pasado que se armaron un peliculón en la cabeza que después, no tenía nada que ver con la verdadera verdura y terminaron haciendo el papel de tontos? A mi si… jaja. Es muy gracioso, como a veces creemos tener una capacidad detectivesca que al final acaba por ser un fiasco.
Claro que, habrá quienes dieron en la tecla, lo cual significa que los celos estaban bien fundados, pero me parece que la mayoría de las veces son fantasmas producto de inseguridades propias con impulsos perversos.

EL AFECTO: me parece que este sentimiento está tan devaluado actualmente, que se ha convertido en una mercancía perfectamente transferible. La capacidad de desarrollarlo auténticamente está disminuida y en vez de repartirlo, lo vamos transfiriendo de una persona a la otra (si lo repartimos, quizás no nos alcance para todos?). “Hoy te quiero a vos, pero si mañana se me pianta el moño, te quito el afecto que te tengo y lo pongo en otra persona”. En consecuencia, las relaciones se vuelven cada vez menos comprometidas (afectivamente hablando) y más endebles, finitas. Me parece que cada vez son menos las relaciones sinceras que perduran en el tiempo, esas en las que el afecto es tan fuerte que cobra vida propia. Esas en las que el bienestar del otro importa más que el nuestro y esas en las que sufrir es consecuencia del nivel de compromiso, y sin embargo, el impacto en el alma nunca deja de ser positivo.


Bueno, con posibilidades de ahondar alguna vez en alguno de estos conceptos, he dicho lo que he dicho. Hasta la próxima lista…

Julia.

martes, 3 de marzo de 2009

HOY ME TOCA A MÍ... Palabras de Julia. Sobre “La crisis de… los 30?”.


Ayer, en una charla suculenta con mi vieja, surgió un tema que viene siendo el protagonista de varias conversaciones con mi novio, amigos, amigas y entorno en general. Un tema al que mi mamá caratuló: “La crisis de los 30”. Hasta ayer, yo no le había puesto nombre o título alguno, simplemente pensaba que dadas las circunstancias de mi vida (independientemente del tema “edad”), era perfectamente lógica mi debacle mental. Pero luego de analizar los datos existentes, comencé a caer en la cuenta, de que las personas con las que compartí recientemente experiencias y opiniones de vida parecidas a las mías (léase: “la vida es una cagada”, “estamos en la lona”, “no sé para donde disparar”, entre otras), estaban (al igual que yo) acercándose a la tercera década o acababan de cumplirla. Llámese casualidad o coincidencia, verdad o consecuencia, la realidad era esa (hasta con rima me salió). La cuestión es que, la pregunta “vedette” de dichas conversaciones fue, básicamente y para sintetizar la idea: “¿Qué será de la vida?” (frase textual de mi novio que me parece, resuelve por completo la unión de los conceptos tratados). Pregunta a la cuál, por supuesto, no sabemos como coño responder… ete aquí el núcleo del huracán. Mi vieja sostuvo, a lo largo de la tertulia, que definitivamente el desasosiego rotundo, estaba directamente vinculado a la edad, porque (cito textual, o casi) “socialmente, lo que se espera, a nivel inconciente de parte ustedes y conciente de nuestra parte, es que a los 30, no estén todavía buscando el camino a seguir, sino que lo hayan encontrado y estén caminándolo seguros y cómodos”. “No te olvides”, me dijo, “que en nuestros tiempos, a los 30, ya estábamos recibidos, con un trabajo estable y bien pago, casados, con hijos (2 por lo menos) y en planes de comprar una casa propia… Eso, es un estigma que marca tu generación y que no los beneficia para nada. Los modelos que han tenido, no se parecen en lo absoluto a los que están reproduciendo, y quieras o no, generan este tipo de crisis en los chicos de tu edad… Es una cagada, pero es así; tanto ustedes como nosotros esperamos definiciones que si no se producen, se sienten como un fracaso”. La verdad, creo que tiene razón y digo creo porque últimamente no estoy en condiciones de afirmar muchas cosas. Quizás, el peso de los años y el balance el pos de los resultados, son una carga que todavía no hemos aprendido a llevar. No digo que todo este tiempo hemos estado de paseo por la vida, porque en mi caso particular he aprendido muchas cosas que considero como logros, pero honestamente, hay asuntos coyunturales que para una mayor tranquilidad me encantaría tener resueltos y no los tengo. Mi vida hoy, en muchos aspectos, es un gran signo de interrogación. Hace dos días, por dar un ejemplo, se me terminó un contrato de trabajo de tres meses, y si bien estaba previsto que así fuera, mi incertidumbre radica en lo que no estaba previsto, y eso es: TODO lo que suceda a partir de AHORA, comenzando YA! ¿Qué vas a hacer? Paso. ¿Cómo te vas a mantener? Paso. ¿Te vas a recibir? Paso. ¿Dónde vas a vivir? Paso. ¿Vas a buscar otro trabajo? Paso. ¿Tenés alguna cosa en claro????? Paaaaaaaaaaaaaaaaaaaasooooooooooooooooooooo!!!!! Y ahí, sin vaselina y precedido de un “mi más sentido pésame” irónico, Silvio Soldán te dice:
- “Perrrrrrrdiste chiquita!!! No pasaste el ping pong de preguntas y respuestas!!! No podes acceder a la llave que abre el cofre de la felicidad!!!”
La cagada es que, en “Feliz domingo para la juventud”, te perdías un viaje a Bariloche y a los 18; acá te perdés el viaje a un futuro seguro y a los 30.
Pero bue, habrá que achicar el pánico, supongo que debo contemplar la prontitud de los hechos y puesto que acabo de caer al vacío, no sucumbir en malos pensamientos. Tendré que hacer lo posible por llamarme a la calma, ya mismo me cruzo al kiosco en busca de unas botellas de soda y… ¿Qué será de la vida? No sé, el mes que viene les cuento… nos vemos el 7 de abril.

Julia.

martes, 3 de febrero de 2009

HOY ME TOCA A MÍ… Palabras de Julia. Sobre “Lo que uno espera…”

Como bien lo dice el título de esta especie de sección, hoy me toca a mí. He decido escribir el primer martes de cada mes, sin personajes intermediarios. Amo a Noelis y a Lucas, pero a través de ellos no puedo hablar de ciertas cosas ni puedo expresarme con total libertad, puesto que cada uno tiene un lenguaje determinado y expresiones que marcan la personalidad de uno u otro. Por ejemplo, a ninguno le queda muy bonito andar diciendo una puteada detrás de la otra (como lo haría yo en momentos críticos). Con cada texto, cada aparición, fueron “creciendo” y fueron desarrollando una forma de pensar y ver las cosas, que hoy determina sus posibilidades y limitaciones expresivas; se adueñaron de una manera de hablar y de reflexionar que llegó a identificarlos y a diferenciarlos de otros personajes, incluyéndome a mi. Este desafío, el de ponerme en la piel de un adolescente o de una mujer de 60 años, cada uno con características particulares, me ha dado la posibilidad de jugar a ser otra persona; no obstante, es una tarea inventiva bastante cansadora y me trae al cuerpo, la necesidad de volver a ser yo en algunas ocasiones. En consecuencia, aquí me tienen, hablando desde mí, lisa y llanamente (no solo mis personajes ansían catarsis). Dicho esto, hoy tengo ganas de hablar sobre lo que uno espera… de la vida, de la gente, de los afectos, de las relaciones, del tiempo, de uno mismo. Debo aclarar que no tengo un buen día y existen grandes posibilidades de que ráfagas de escepticismo azoten estas palabras.
Lo que uno espera (léase: expectativas, proyecciones, deseos, etc.), rara vez se mide en función de los hechos o de las personas que tenemos enfrente. Siempre que uno espera algo, lo difícil no es esperar, sino ver las cosas como son realmente. No al pedo existe el dicho “NO LE PIDAS PERAS AL OLMO”, pero no es fácil entender que al olmo hay que pedirle lo que el olmo puede dar, porque a veces, lo que el olmo da no es lo que necesitamos o esperamos de él. La cuestión empeora, cuando esperamos que el olmo haga lo que nosotros haríamos frente a una situación puntual y ese es un error que cometemos a menudo: juzgamos a los demás a partir de lo que somos y no de lo que son ellos verdaderamente. Es complicado ver a los otros como son y más complejo es todo, cuando idealizamos a alguien y le quitamos el carácter de ser humano, cuando lo pensamos de una manera y al final, resulta ser otra cosa. Ahí es cuando aparece la desilusión… y como la remontamos???? Yo no lo sé, si lo supiera tendría el 80 por ciento de mi vida resuelta. Supongo que la mano viene por el lado de la humanización (léase: atribuirle a las personas el derecho de equivocarse, pues, “ERRAR ES HUMANO PERDONAR ES DIVINO”). Esto de esperar, no solo se aplica a las personas, sino también a los hechos. ¿A quién no se le frustró algún plan alguna vez? ¿Quién no se dio la cabeza contra la pared de la realidad? A mí, últimamente me pasa bastante seguido. Y la primera reacción que tengo es la de preguntarme qué mierda hice mal, si tenía todo fríamente calculado o al menos eso fue lo que yo creía. Error de nuevo, que viene de la mano del exceso de ilusión, deseo o como quieran llamarlo. En el afán de cumplir un sueño, uno se olvida de que en realidad está soñando, no solo el resultado final sino el escenario completo, y cuando nuestros piecitos pisan tierra firme, cagamos: vemos las limitaciones de lo real, nos despertamos despavoridos, le echamos la culpa a la vida que nos ha tocado vivir y lloramos desesperados, cual un nene al que le roban el chupetín. Con esto no digo que los soñadores somos todos unos pelotudos, porque sin sueños estamos fritos, sin sueños no hay lugar a donde ir o a donde llegar. Lo que quiero decir, es que, ya que tenemos la posibilidad de soñar despiertos, aprovechemos la ocasión y pispiemos un poquito el panorama antes de tirarnos de cabeza a la pileta de las pretensiones y los proyectos, para no rompernos la cabeza, para no ahogarnos en las aguas del fracaso. Conclusión: ejercitemos la visión, agudicemos la percepción y démosle a cada cosa el valor que tiene y a cada persona la posibilidad de ser lo que es, ni más ni menos. Nos vemos el martes 3 de marzo…

Julia.